domingo, 19 de octubre de 2014

Témino nuevo para nuevas preguntas.

Sí, admito haberlo hecho y no me arrepiento. Yo soy así.
No te he pedido que te quedes conmigo si no te gusta.
No voy por la vida haciendo promesas que no voy a cumplir.
Soy fiel a unos principios propios que construyo a mi manera.
Si quieres tener una charla conmigo, está bien, pero no me
preguntes si no quieres escuchar una respuesta sincera.
Y es que no me arrepiento de creer que es mejor limpiar entre dos lo problemas
que morir solo, así que no explotes por dentro pudiendo manchar por fuera.
 Aprendo del pasado y de lo que he vivido.
Evito errores cometiendo nuevos, y me gusta arriesgarme en lo que puedo.
Atesoro lo bueno de todos los que he conocido, no soy buena en lo de tener fe,
pero no me hace falta cerrar los ojos para dar un salto al vacío.
Me limito a seguir día a día sin preocuparme por cómo me vean.
Sonrío, no pregunto, camino, siento, como, sueño, vivo.
Así que si quieres juzgarme, adelante.
Llámame mala gente, pero que sea al oído.

lunes, 6 de octubre de 2014

Vibran las membranas.


El que dijo que la luz ayudaba a aclarar la mente y las ideas, se equivocaba. No hay luz que valga para disipar la oscuridad de algunas preocupaciones, y cuando notas que tu pecho se comprime por los nervios y las ansias, bloqueando todo lo que pienses, no hay luz que disperse el estado de inquietud que embarga a las ofuscadas almas.
Profunda realidad del mundo en el que vivimos a instantes, incapaces de saber hacia que mundo te diriges, concentrados en huir de la jaula que tapa la supuesta luz y claridad que no hace más que cegarte con inútiles intenciones. Intentos desesperados por separarte de tus problemáticas y sofocantes emociones.
Noqueado e impotente la claridad del día no impide que sigas ausente y preso en esas preocupaciones y sus sombras, y no ayuda a que te sientas menos demente. Ni más sosegado. Ni más libre.

Huesos mojados.


Y en ese momento la realidad te cae como un jarrón de agua fría. Dejándote mudo y perplejo, mojado hasta arriba por eso a lo que denominan asombro. Un asombro que te cala hasta los huesos.
Inesperado, pero sobre todo porque es esa persona especial la que te lo ha hecho. Y tú no te lo crees, o sí, pero no quieres. Porque sería como admitir que si ha sido capaz de mentirte a la cara durante días y años, y si ha sido capaz de mentir así, puede haber sido capaz de mentir u omitir la verdad en muchas otras ocasiones.
Y duele. Porque esa persona es en la que más confiabas y si ella te traiciona de esa manera, ya no confías en nadie. Y duele porque siempre pensaste que podías confiar en ella. Porque habrías puesto la mano en el fuego para protegerla, para ayudarla por encima de todas las cosas. Habrías apostado lo que fuera con una venda en los ojos a que nunca te traicionaría, lo hubieras dado absolutamente todo para defenderla ante los demás, aunque no fuera cierto, únicamente porque creías. Y creías a ciegas. Pero sobre todo porque estabas ciego creyendo que recibías lo mismo de ella.
Y eso te mata. Por dentro y por fuera.
Y cuando lo descubres no te atreves a decírselo, porque en realidad temes perderla y no quieres que nada cambie. Porque quieres seguir fingiendo que recibes lo mismo que das a esa persona, porque no te atreves a mirar la cara que pondrá cuando la recrimines. Porque tienes miedo a su reacción. Pero sobre todo tienes miedo a que te lo niegue. A que te vuelva a mentir a la cara, y esta vez tú lo sepas.
Y así día tras día perdonas a medias. Sólo que por dentro no perdonas, cerca de donde está la espina.
Te vuelves cuidadoso intentando esconder la piedra antes de que ella saque la mano y la coja, y oculte la mano sin devolverla, sin decírtelo, pensando que no te das cuenta. Cuidadoso por no volver a preguntar para que te mienta. Y luego te sonría.
Por lo que al final, sientes que el corazón sangra dolor y las lágrimas corren por dentro, mientras tú le devuelves la sonrisa por fuera.