martes, 2 de octubre de 2012

You can touch the stars *



¿Porqué? Dímelo por que yo ni lo se ni lo entiendo.

¿Porqué en días grises cuándo necesito luz y claridad, sólo te veo a ti?
¿Porqué contigo me siento indefensa pero segura, triste pero feliz? Esa sensación extraña que quiero que pare pero que nunca termine... ¿Cómo se llama? Ah, sí.. amor. ¿Pero cómo puede ser amor si tú eres todo lo opuesto a mí?

Sólo soy incapaz de sacar de mi cabeza el momento que estuve más cerca de ti.
Esperando al amanecer en la playa llevábamos toda la noche hablando, y cuando yo estaba en la orilla viendo como desaparecían las últimas estrellas por detrás te acercaste a mí.
Me rodeaste con tus brazos y me susurraste al oído que no me preocupara, que si me ponía de puntillas y alzaba la mano podía cogerlas, y así lo hicimos. En ese instante algo cambió en mí.

Del odio al amor sólo hay un paso, y creo que mis pies intentan pararme cuando en el fondo quiero arriesgarme a darlo.
Y ahora cada vez que echo de menos tus palabras cariñosas y tu presencia, mi único consuelo es bajar a la orilla de la playa para mirar el cielo y soñar despierta con ese momento en el que alzamos nuestras manos y cazamos juntos las estrellas.

La verdadera razón es que tengo miedo, ¿a qué ? No se si es miedo a ti, a mí, al amor, o miedo al miedo. Pero... ¿Por qué no intentarlo?
Tu sonrisa me tienta ha hacerlo mientras mi cabeza aleja las emociones del corazón como mis pies me hacen dar media vuelta y alejarme de ti.
Pero lo que realmente me entristece, es que no tendría que dar el gran paso si fueras tú el que se acercara a mí.




lunes, 1 de octubre de 2012

Dos cuerpos, cama rústica.



"Nuestros labios se entreabrían para ir cogiendo aire, y teníamos los ojos cerrados.
Nuestros pies inquietos seguían el ritmo de la música y marcaban nuestro movimiento, jugando entre  ellos y escapándose como niños traviesos.
Y nosotros nos dejábamos llevar por los sentimientos.
El agua iba salpicándome toda la piel, pero eso no importaba, yo sentía que no podía parar, que tenía que seguir la coreografía que mi corazón dictaba.
Un giro y una vuelta, y otro giro más. Nuestras piernas se cruzaban sin llegar a tocarse.
Nuestros cuerpos se acercaban y alejaban, como el balanceo de mis caderas y mis brazos. Yo solo notaba cómo la música fluía y resbalaba por todas mis extremidades, suave y fiera a la vez, empujándome a subir y bajar, a bailar contigo y también sola.
Parecía que tú te ibas guiando por lo mismo, y los dos nos complementábamos en esa danza rápida que mezclaba sensaciones únicas.
Vueltas y coreografía delicada que iba interpretando con cada brusco y suave movimiento.
Y de pronto un último paso fugaz y terminamos chocando nuestros cuerpos.
El baile de nuestros corazones encontró un principio, y el juego del amor dio paso al periodo de prueba. Al ensayo antes de subir al escenario, cómo una relación que no comienza en ninguna fecha.
Y entonces me fijé verdaderamente en tí..., y sentí que mi mundo había cambiado. Quedó patas arriba, y al igual que nuestra coreografía, dio una vuelta de ciento ochenta grados.
Nos pusimos derechos, sin aliento, y nos miramos con complicidad dentro de esa sala rústica.
Nuestros ojos se observaban chispeando satisfechos.
Buen trabajo, y buena música."