domingo, 29 de enero de 2012

Estoy enamorado ♥



Me escondo tras las hojas de los árboles, esas que van cayendo sin que nadie pare, esas hojas de colores que transporta el aire.

Y desde mi escondite, no he podido evitar verte. En silencio y alegre cierras los ojos e inspiras lentamente.

Dulce musa, niña alegre.

Los rayos que llegan a través de las hojas acarician tu delicada piel, dejando una bonita imagen grabada en mi mente.

Eres como una diosa.
Y he llegado a la conclusión de estoy enamorado.

Dulce musa, niña alegre,
daría cualquier cosa por estar a tu lado.

jueves, 19 de enero de 2012

i Love you ♥



"Una gota de agua se deslizó por el cristal.

Era diciembre y hacía un frío que helaba los huesos. No había empezado a nevar, pero pronto comenzaría.

Miré el cielo, y pude ver que estaba descargando sus gotas caprichosamente sobre la gente de la calle. Parecían tan alegres...

No me acordaba de la última Navidad .... o sí. Pero no quería recordarla.

Miré la calle, y ya, sin poder evitarlo, mis ojos se perdieron entre la gente, y yo... Yo estaba sumergida en el pasado.


Todo comenzó en otoño.

Las hojas de colores cálidos caían de los árboles, y yo buscaba paz leyendo en el bosque mágico que estaba al lado de la casa de mis abuelos...


NO, todo comenzó en verano.

Sí ... en verano.

La casa de mis abuelos estaba cerca de un pintoresco pueblo perdido entre los montes, y de un bosque enorme al que me encantaba ir. Mis abuelos siempre sonreían y vivían alegres en ese mundo verde. 

Todas las mañanas iba al pueblo diciendo que era para comprar el pan, pero en el fondo me gustaba ver las bonitas calles con los niños corriendo, y las casas de piedra.

En verano hacía  mucho calor, así que de vez en cuando mis padres y yo íbamos a un río cercano donde los chicos y chicas de mi edad se bañaban y bromeaban, pero con ellos nunca hablaba, ya que no me atrevía.

Uno de los muchos días que fui al bosque, todo cambió.

Estaba apoyada en el tronco de un gran árbol sobre el suelo cubierto de hojas, leyendo uno de mis libros, y sentí que alguien me estaba observando.

Un chico bastante mono me miraba con curiosidad. Estaba de pie bajo las copas de los árboles, y aunque era verano, llevaba vaqueros y un jersey fino con cuello de pico. Me sentí descubierta con mis shorts y mi camiseta de tirantes.

De repente dejé de sentir vergüenza, y le pregunté:

"¿No tienes calor?"

Primero se sorprendió, quizá fue por escuchar el sonido de mi voz, y me sonrojé mientras se sentaba a mi lado. Luego sonrió.

"No, ¿y tú?"

"Mmm... Quizá."

Se inclinaba hacia mí para poder ver el libro que leía y al escucharlo soltó aire en una especie de sonrisa.

Lo mismo que me pasa a mí pensando que esa fue nuestra primera conversación.


Escucho un chasquido.

Mi madre abre la puerta de mi habitación.

- Cielo, el invitado viene hoy.

- Genial - sonrío forzadamente.

No me gusta como soy ahora. No soy yo. Ya nunca me río, pero es que nada me hace gracia. Y no lo puedo evitar, se me han quitado las ganas de salir, y me quedo encerrada en esta habitación, mi habitación. Y eso no debería ser así. Tampoco puedo evitar estar triste, pero por suerte ya no lloro, creo que ya no quedan más lágrimas, y que ya se ha hecho lejano y débil el motivo por el cual las derramaba, pero... tampoco puedo evitar sentirlo y recordarlo como si no fuera tan lejano... ni tan débil.

Intento mantener un poco de conversación con mamá, pero ya tiene prisa por los preparativos y me deja en mi habitación sola, con el peligro de caer en más heridas y recuerdos.

Cuando todo era muy diferente. Cuando yo aún era yo.


Era finales de agosto, dentro de nada comenzaría septiembre.

Estábamos bañándonos en el río y chapuceando en el agua fresca y brillante.

No dejaba de reírme mirando las caras que él ponía para hacerme sonreír, y disfrutaba con sus cálidos abrazos en contraste con el agua fría y en los momentos en los que tenía que nadar deprisa escapando de él para que no me cogiera, cosa que nunca conseguía.

Salimos del agua para secarnos sobre la hierba, y sentados en esta se acercó a mí, y con sus cálidas manos en mi espalda, me dio el primer beso.

Me gustó porque era especial, alegre y amable, simpático y a demás sensible, y demostraba tener muchas cosas en común conmigo. Le gustaba perderse en el bosque, la lectura y la música, sobre todo la música. Y a demás tenía unos ojos increíbles, y esa sonrisa... No me creía que hubiera encontrado a alguien como él.

Recuerdo estar por el pueblo con él de la mano, y esa risa que me seguía a todos los lados. También recuerdo el momento en el que me presentó a sus amigos, a los que siempre veía en el río, y que eran tan alegres como parecían.

Recuerdo que estaba como dentro de una burbuja, con nuestros paseos por el bosque en el que las hojas pasaron a ser de colores, y a los dos iluminados por la luz que se escapaba entre las ramas de los árboles.

Recuerdo demasiadas cosas, pero recuerdos es lo único que ahora son...."