lunes, 6 de octubre de 2014

Vibran las membranas.


El que dijo que la luz ayudaba a aclarar la mente y las ideas, se equivocaba. No hay luz que valga para disipar la oscuridad de algunas preocupaciones, y cuando notas que tu pecho se comprime por los nervios y las ansias, bloqueando todo lo que pienses, no hay luz que disperse el estado de inquietud que embarga a las ofuscadas almas.
Profunda realidad del mundo en el que vivimos a instantes, incapaces de saber hacia que mundo te diriges, concentrados en huir de la jaula que tapa la supuesta luz y claridad que no hace más que cegarte con inútiles intenciones. Intentos desesperados por separarte de tus problemáticas y sofocantes emociones.
Noqueado e impotente la claridad del día no impide que sigas ausente y preso en esas preocupaciones y sus sombras, y no ayuda a que te sientas menos demente. Ni más sosegado. Ni más libre.

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