lunes, 10 de febrero de 2014

Es Oro.


El tiempo. El tiempo dicen que suele ser incierto, pero para mí lo cierto es que el tiempo no se puede medir. Puede parecer mucho o poco según la persona, pero ni siquiera eso, puede parecer eterno o instantáneo dependiendo del momento. Una gota que se desliza suavemente por el cristal de tu ventana, lo que tarda una hoja en caer al suelo, las plumas que se lleva el viento, una mancha de tinta haciéndose grande en el papel... Intenta medir eso. Para algunos liviano, para otros eterno.
Y lo mismo es lo que a mí me pasa mientras piso suelo, el suelo asfaltado de la calle en esas tardes de invierno de camino a casa, donde mi mente vuela fija en un punto que nadie encuentra. Únicamente concentrada en mis pensamientos.
¿Pensando en qué? Pensando en ti. En tu presencia en la misma habitación que yo. En tu sonrisa y tu mirada peligrosa aunque no vaya dirigida a mí. Sí. Pensando en ti.
Pensando en cómo se me pasa el tiempo sin conseguir que mi recuerdo haga mella en tu memoria, dando pasos en ciego sin dejar ninguna huella hacia un futuro que sí, que me parece incierto. Esta vez sí.
No se que hacer ni qué decir, así que paso instantes intentando que mi mente consiga algo útil que fluya entre mis labios, los labios que aunque no tengan dueño sólo están por la labor de satisfacer tus sueños. Aunque no sueñes conmigo y yo lo sepa. Aunque también sepa que no sonríes por mí. Pero por lo menos para ti soy algo, eso lo se. Dejo que mi mente divague y es que el tiempo amigos, cómo ya he dicho, es relativo. Tanto cómo yo soy relativa para ti.




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